
Disfruto demasiado de Godard. Creo que es uno de los resquicios que más me cuesta disimular de mi pasado nov al que intento renunciar a base de cañas y escenas de normalidad. Pero alguien me pidió una vez la luna, a lo que yo respondí negándome a ver Millenium. Que los almendros en invierno no den flores, no significa que los árboles dejen de ser árboles…
Pero, reconozco, que soñar merece la pena. A pesar de que los psicólogos encuentren su razón de ser en el equilibrio para alcanzar el éxito personal y social. A mí el éxito, permitidme, no me parece más que un engañabobos. Y, por qué no decirlo, la terapia un consuelo a regañadientes.
Por eso yo hoy me quedo con una cita de Nizar con la que me topé hace años y que, en días de sol, entra mucho mejor: “No consentiré que nadie diga que los veinte años son el momento más hermoso de nuestra vida. Aquello años no fueron felices sino más bien grises: sólo nos alimentábamos de esperanzas. Ni siquiera vivíamos. Si alguien nos preguntaba: ‘pero… ¿de qué vivís?’, a nosotros nos encantaba responderle: ‘No vivimos’. La vida era la pantalla, hablar de cine, leer y escribir cosas”.





